Los dedos tienen memoria
para leer el braille familiar de otra piel.
El cuerpo tiene memoria:
los hijos que hacemos
lugares en los que nos herimos,
el colador de nuetros esqueletos bajo la tierra gruesa.
Ninguna palabra tiene tanto sentido como una vida.
Solamente el cuerpo pronuncia perfectamente
el nombre del otro.
Anne Michaels - El peso de las naranjas- ed. Bartleby











